lunes, 8 de junio de 2009

CAPITULO UNO

No dejaba de dar vueltas en mi habitación, eran las siete de la mañana del domingo, el día de mi viaje a SubMundo, el instituto para sobrenaturales. Los nervios, el miedo y la intriga se arremolinaban en mi estómago como gusanos a punto de devorarme por dentro.
No había conocido a ningún otro sobrenatural que no fuera un hada, y ahora conocería cambiaformas y vampiros, aunque tenía claro que si las hadas me despreciaban por mi condición de semi-humana los demás también lo harían y si no, allí estaría Moira para destruirme la vida. ¡Dios! Espero que no nos toque compartir cuarto, ni si quiera quiero compartir el mismo aire que ella.

- ¡Fuera los malos pensamientos! - me dije a mi misma - ya estas acostumbrada a no tener amigos por su culpa y por ser semi-humana ¿Qué más puede pasar?

Con ese pensamiento tan… positivo, me puse a terminar de hacer la maleta, esta tarde después de comer saldríamos hacia unas coordenadas en el desierto donde nos recogería un jet privado. No es que seamos millonarios o tengamos clase, ni glamur, es solo que la ubicación del instituto es secreta, y nadie puede llegar en su propio coche, cuando te alejas de él más de 500 metros olvidas completamente donde está, es una medida de precaución para evitar que la Dama Negra nos encuentre y se dé un festín reclutando gente.
Siempre la he tenido miedo, mi madre siempre me contaba cuentos sobre ella para asustarme y asegurarse de que tuviera cuidado, era algo así como el hombre del saco sobrenatural.
Las maletas ya estaban llenas y cerradas sobre mi cama, había dejado toda la ridícula ropa de colores que me había comprado mi madre durante la semana pasada en el cajón de mi cómoda. Así, no se daría cuenta de que no me la había llevado hasta que estuviera a kilómetros de distancia.
¡Qué manía tienen todas las hadas de vestir como si fueran arcoíris andantes!, a mi me encanta el rojo, el negro y todos los colores fuertes y eléctricos (otra de las cosas en la que no me parezco a ellas y que sacan de sus casillas a mi madre y a mi padrastro)

Había cargado mi Ipod con muchas canciones a sabiendas que estaríamos incomunicados, es decir, sin móvil e internet y eso es lo que peor llevaba ¿Qué hago si me aburro de todas las canciones del Ipod y no puedo bajar más música?, bueno lo mejor era no pensar en ello.
Había quedado a las diez con Josh para despedirme, aunque lo llevábamos haciendo toda la semana, es el mejor amigo que he podido tener y lo voy a echar mucho de menos.
Era hora de bajar a desayunar, había escuchado cerrarse la puerta de la habitación de Moira, así que, seguramente ya estuviera abajo ¡mierda!

- Buenos días monstruito – dijo mi querida hermanastra, que estaba sirviéndose un tazón de cereales con leche.

- Buenos días pútrida – ella me tenía puesto el mote de monstruito desde que tengo uso de razón y desde hacía unos años yo la llamaba pútrida, no sé cómo se me ocurrió, solo sabía que la molestaba, así que se lo comencé a llamar más a menudo.

Ella puso mala cara y se marcho al salón con su cuenco de cereales moviendo con gracia su cabello rojo fuego, yo cogí una Coca-Cola de la nevera y un sándwich vegetal que había dejado a medias la noche anterior. Mientras me lo comía oí a mi madre bajar las escaleras.
Como siempre estaba majestuosamente bonita a sus doscientos tres años, su cabello amarillo como los rayos del sol caía sobre su preciosa cara enmarcada con su bello dövme en movimiento, era casi hipnótico ver sus marcas moverse alrededor de su cuerpo y cuando era primavera y todas florecían con pequeños capullos de rosas, sus ojos eran de color amarillo polen que conjuntaban perfectamente con su piel color melocotón, su porté era digno de una diosa.

Ya que hemos mencionado a los dioses es justo comentaros que tipo de religión tenemos, los seres sobrenaturales somos hijos de distintos dioses, las hadas y Aluxes, que así se les llama a los hombres, somos hijos del Dios Éter[1] o Dios de la Luz, los cambiaformas de todo tipo son hijos de Gaya o Diosa de la Tierra y los vampiros son hijos de Érebo[2] Dios de la Oscuridad, aunque a lo largo de la historia se han dado algunos casos de cambiaformas bendecidos con la luz de Érebo o de Éter. ¿Cómo sabemos eso? Bueno, en el instituto SubMundo hacen un ritual, no sé en qué consiste y la verdad nunca me ha interesado, pero a lo largo de esa ceremonia averiguas cuál es tu “padre” o “madre”. Como ya dije antes las Hadas siempre somos hijas de Éter y los vampiros siempre son hijos de Érebo, pero con los cambiaformas es más difícil, pueden pertenecer a cualquier otro Dios que no sea Gaya.
El ritual se hace para distribuir a los novicios en las casas correspondientes del instituto SubMundo, y se hace más que nada para asegurar que los cambiaformas están es la casa que les corresponde, aunque participemos todos los novicios.

- No deberías tomar esa guarreria para desayunar – dijo mi madre con una mueca entre el asco y el aburrimiento.

- Sabes que me gusta desayunar esto.

- Pues quizás en SubMundo no haya Coca-Cola y tengas que acostumbrarte a tomar otra cosa – no podía creerme semejante aberración, en el pleno siglo XXI, ¿en qué lugar de la tierra no hay Coca-Cola?

- Esperemos que estés equivocada, porque si no, me tendréis de vuelta antes de lo esperado – mi madre sabía tan bien como yo que eso no era posible, a menos que me expulsaran, y mi madre también sabía que ansiaba demasiado ser mayor de edad legalmente como para intentar que me expulsaran a propósito, si no me graduaba tendría que marcharme a vivir con mis padres y estar siempre bajo su tutela, realmente no quería que eso sucediera y si sucedía un suicidio sería lo mejor que podría hacer al respecto.

- ¿Vas a ir a despedirte de Josh? –preguntó mi madre mirándome por encima de su taza de café recién hecho.

- Sí, ahora a las diez he quedado en pasar por su casa – y antes de que mi madre me interrumpiera añadí – tranquila estaré de regreso a tiempo para la comida.

Dicho esto subí a mi habitación a vestirme, maquillarme y colocarme las lentillas marrones, tenía suerte de no tener el pelo de ningún color estridente, porque no quería tener que teñírmelo, el negro azabache de mi cabello tampoco se correspondía mucho con el prototipo de hada, pero ya estaba acostumbrada, además me encantaba mi pelo, era liso, todo lo contrario que el de Moira, y lo tenía corto por debajo de los hombros.
Mientras me miraba al espejo pude ver la gran diferencia que había entre las hadas normales y yo, mi dövme rojo fuego sobre el ojo derecho y mis ojos naranjas casi como el color de una llama, todo ello enmarcado por mi pelo negro, parecía más un demonio que un hada, además no ayudaba mucho mi forma de vestir con vaqueros rasgados y camisetas de colores fuertes ajustándose a cada curva de mi voluminoso pecho.
Moira siempre me ha tenido envidia en lo que concierne a la talla de sujetador y eso me hacía sentirme mucho mejor conmigo misma.


Llamé a la puerta de la casa de Josh y me abrió Clarise, su madre, era una mujer fuerte y dulce, había criado a tres hijos ella sola, Josh era el hermano mediano y por desgracia para Clarise el más problemático, él y yo siempre andábamos metiéndonos en líos, pero siempre supe que yo le gustaba mucho a Clarise y siempre tuvo la esperanza de que su hijo y yo nos casáramos, nunca supo lo cerca que estuvimos de hacerlo mientras estábamos borrachos, pero ambos sabíamos que eso no sucedería, aunque Josh había sentido algo por mí unos años atrás, se le pasó tan rápido como un resfriado, después había empezado a salir con mas chicas.
Me alegré mucho de eso, pues creo que nunca podría sentir nada más que amistad por Josh, para mí era como el hermano que nunca tuve.

- Pasa cariño, está en su dormitorio – me dijo Clarise mientras se apartaba de la puerta para dejarme pasar - ¿hoy es el día que te marchas?

- Sí – no tuve que fingir desgana o tristeza, porque realmente odiaba tener que marcharme - pero dentro de dos años volveré a estar por aquí – yo sabía que no sería posible pero no quería hacerles daño a ninguno de los dos, quizás después de dos años se olvidaran de mi y no me echarían de menos.

Subí rápidamente las escaleras hacia el cuarto de Josh, la tristeza me embargó al darme cuenta que sería la última vez que hacía este recorrido.
Abrí la puerta sin llamar como era mi costumbre y me encontré a Josh en calzoncillos.
Nosotros habíamos dormido juntos, pero nunca le había visto en ropa interior y un calor extraño recorrió mi cuerpo, era muy guapo con esos ojos negros y ese cabello castaño que siempre llevaba cortado casi al cero, además, tenía un cuerpo digno de un jugador de futbol, verle así me sobrecogió y me puse como un tomate.
Él comenzó a reírse como un loco.

- Pasa hombre, no te quedes en la puerta – decía entre risas – ni que fuera la primera vez que ves a un tío casi desnudo – la verdad es que era la primera vez.

- Bueno pues sí, es la primera vez que lo hago – Josh agrandó sus ojos mirándome atónito, éramos muy buenos amigos pero nunca habíamos hablado de sexo o de cualquier otra cosa relacionada, yo sabía que él había estado con chicas y que no era virgen pero no estaba muy segura si él sabía algo sobre mi escasa vida sexual. Tampoco había que ser adivino si solo me relacionaba con él y con alguna chica del instituto.

- Vaya, eso no me lo esperaba, así que, ¿sigues virgen? – Dijo pensativo, llegando a la misma conclusión que había llegado yo – bueno, tampoco te relacionas mucho así que no se de qué me sorprendo.

- Venga vístete y dejemos ese tema por favor – dije mirándole a los ojos porque era incapaz de mirar más abajo sin ruborizarme. Él volvió a reírse mientras se ponía unos vaqueros.

- Oye si quieres cambiar tu estado de virgen antes de irte yo podría… ya sabes – lo dijo como una broma pero pude ver en su cara algo más profundo.

- Tranquilo estoy bien así – dije y para evitar seguir con el mismo tema añadí – ¿bueno, al final vas a empezar a trabajar para Marcus en el taller? – Josh había decidido no ir a la universidad y dedicarse a su gran pasión, las motos y los coches.

- Sí, y por cierto, antes de que se me olvide, no me has dado ninguna dirección a la que poder mandarte cartas, porque el móvil e internet están prohibidos en el sitio ese ¿no? – le había dicho que iba a una especie de retiro religioso.

- Dáselas a mi madre, así me llegara toda la correspondencia junta.

- Hecho. Bueno, ya sabes que no me molan las despedidas dramáticas ni nada de eso – dijo mientras se sentaba a mi lado en la cama que todavía estaba desecha.

- Sabes que a mí tampoco – tenía unas ganas locas de llorar y lanzarme a sus brazos.

- Solo quiero que sepas… bueno… algo antes de irte – parecía que intentaba decir algo importante, pero sabía que a Josh estas cosas se le daban fatal. Él era un tipo duro como le gustaba autodenominarse, pero yo sabía que era un trozo de pan.

- Escúpelo – le dije con sorna, pero no le pareció gracioso, por primera vez le veía demasiado serio y maduro ¿Qué le pasaba?

- Bueno nada, es una tontería, solo que tengo un regalo para ti – dijo mientras se levantaba y rebuscaba en su escritorio donde tenía miles de Cd´s desparramados, luego alcanzó una cajita pequeña y me la entregó, evitando mirarme a los ojos.

- ¿Qué es? – pregunte cogiendo la cajita de terciopelo negra, era la primera vez que Josh me hacía un regalo, y por desgracia, también sería la última.

- Ábrelo coño – dijo reponiéndose con una sonrisa perfecta en la cara, abrí la caja y se me llenaron los ojos de lágrimas, no quería llorar pero no pude evitarlo, dentro había un colgante con una piedra roja engarzada en unas espirales de plata. Era precioso. El mejor regalo que nadie me podía haber dado, dejé la caja encima de la cama y le abracé sin poder decir ni una palabra, el me recogió en sus brazos como si estuviera hecha de cristal y me acunó.

- Por estas cosas es por lo que no me gustan las despedidas y los regalos – dijo con la voz un poco quebradiza, nunca le había visto llorar, y aunque no lo estaba haciendo, era lo más cerca de ello que había estado nunca.

- Es precioso Josh, es el mejor regalo que me han hecho en mi vida - dije poniéndome el colgante.

- Me alegro de que te guste, así, estés donde estés siempre sabrás que aquí tienes una amigo, ¡Dios! Que cursi he sonado – dijo volviendo a ser el mismo.

- Sabes, yo también te voy a dar algo – le dije mientras me quitaba una pulsera negra de cuero con tribales que siempre llevaba puesta y se la entregaba.

- Gracias Dawn, espero que no te olvides de mi ¿ok? - ¿Cómo iba a olvidarme del único amigo que he tenido?
- Nunca – fue lo único que pude decir sin romper a llorar.

Después de una hora que pasamos echándonos unas risas con unos videos de internet y escuchando música llegó el gran momento.

- Bueno, ya sabes que te escribiré – me dijo

- Y yo te contestaré – le dije entre risas

Me acompañó a la planta baja para despedirme de su madre y después de varios abrazos y besos por fin salí de su casa. Otra vez llegaba tarde para comer, mi madre iba a matarme.

Caminé sin volver la vista atrás, quería evitar convertirme en un bloque de sal como la mujer de Lot[3], que por excesivo morbo se convirtió en estatua al darse la vuelta y mirar cómo se destruía su ciudad.
Por desgracia, esta situación era parecida, cada paso que daba lejos de Josh se iba destruyendo, poco a poco, toda relación posible con la única persona que había estado a mi lado estos últimos diez años.

Nunca pensé que fuera a ser tan difícil separarme de mi mejor amigo, me había mentalizado desde que le había conocido que llegaría el día en que tendría que abandonarle, pero me había confundido pensando que por eso sería más fácil y menos doloroso. Un gran nudo en la garganta me apretaba como si quisiera ahogarme, me prometí a mi misma venir a visitarle cada vez que pasara por la ciudad, durante todos los años que durase su vida, aunque por desgracia, tendría que ocultarme para que no me viera.

Recordé que antes de volver a casa tenía que hacer otra parada, tenía que despedirme del viejo John Doe. Era un anciano indigente que vivía en el parque Wester, muy cerca de mi casa.

Hace un año Moira y sus amigos estaban metiéndose con él y un joven humano que estaba con ellos le lanzó una lata de Coca-Cola a la cabeza, el pobre anciano la esquivó de milagro, y yo, como no podía ser menos, me lancé en su defensa y arrojé una piedra a la cabeza del amigo de Moira, le hice una buena brecha, pero como era de esperar, no me acusó cuando llegó la ambulancia, su padre le hubiera castigado mucho tiempo sin salir de casa si llegaba a enterarse de lo que había intentado hacerle al pobre viejo.
Desde entonces siempre que paso por el parque, que suele ser muy a menudo, le llevo alguna bolsa de gominolas o algo para comer. Solemos charlar durante horas, en alguna ocasión Josh también se ha unido a nuestras extensas conversaciones, el Sr. Doe siempre tiene muchas historias que contar. Es un hombre extraño, nunca me ha dicho su nombre así que, empecé a llamarlo John Doe[4].
Llegué al parque Wester y le divisé sentado en su banco habitual tirando migas de pan a los patos, que seguramente habían salido del pequeño lago.

- Hola ¿Cómo te va? – Le pregunté sentándome a su lado – era algo extraño que viviendo en la calle siempre estuviera aseado y tuviera sus harapos limpios, no olía como cualquier otro indigente sudoroso y borracho.

- Muy bien querida, pensaba que no vendrías a despedirte – me dijo mirándome con esos ojos negros, apostaría a que esos ojos habían visto muchas cosas en su vida.

- ¿Realmente pensaste que no vendría? – Dije tendiéndole una bolsa de caramelos Goap – que poco confías en mí.

- Confío mucho en ti hija, has sido una buena samaritana conmigo y también una buena amiga – dijo mientras rebuscaba dentro de su roída chaqueta – te voy a echar de menos.

- Yo también, ha sido un placer conocerte – dije con un nudo en la garganta, realmente apreciaba mucho al viejo Doe - ¿me vas a decir ya tu nombre? – le pregunté esperanzada.

- Cuando regreses – me dijo mientras me sonreía mostrando por completo sus negros dientes. No iba a regresar y ese hecho se me estaba haciendo cada vez más duro.
- De acuerdo ¿puedo darte un abrazo? – pregunté. Nunca había sido un hombre muy cariñoso.

- ¿Quieres abrazar a un viejo decrépito con las ropas roídas? – preguntó casi divertido.

- Sí – contesté. Cada vez se me hacía mas difícil hablar sin llorar.

- Tengo algo para ti – dijo cuando dejé de abrazarlo – no es nada valioso pero quiero que tengas un detalle mío para que no te olvides de mi – esta era la segunda vez en el día que me decían esto y no pude retener las lágrimas en mis ojos por más tiempo – no llores preciosa – me rogó mientras me entregaba una pequeña piedra azul con algo grabado en ella. Yo no entendía de piedras y esta me pareció que era de las que venden en los puestos esotéricos de las ferias, pero aun así me encantó su detalle. Guardaría ese recuerdo siempre.

- Es preciosa, no tenías que haberte molestado – dije mientras la metía con cuidado en la caja de terciopelo donde había estado el colgante rojo de Josh.

- Me alegra que te guste, ahora debes irte si no quieres que tu madre te regañe – dijo mientras volvía a abrazarme.

Me alejé del parque secándome con un pañuelo las lágrimas que habían inundado mi cara.
Marché a mi casa portando un regalo de las dos únicas personas humanas a las que había importado y me habían querido.
Deseaba que el viejo Sr. Doe y Josh encontraran a alguien que les hiciese felices y que se olvidaran pronto de mí, así todo sería mucho más fácil para ellos, los dos eran unas grandes personas que echaría demasiado de menos.



[1] Era la personificación del ‘cielo superior’, el espacio y el paraíso, Era llamado el dios de la luz en la mitología griega.

[2] personificación de la oscuridad y la sombra, que llenaba todos los rincones y agujeros del mundo. También se le llamaba Skotos. Denominado en la mitología griega como dios de la oscuridad, era el padre de Éter.
[3] Lot huyó de Sodoma antes de su destrucción, avisado por ángeles de Yahveh. Su mujer al darse vuelta (desobedeciendo el mandato de Yahveh) se convirtió en estatua de sal.

[4] Denominación ampliamente usada entre hispanohablantes para referirse a alguien indeterminado, es decir, sin una identidad específica, ya sea porque se desconoce el nombre real de la persona o para ser usado en un caso hipotético.

3 comentarios:

claudiaahp dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
claudiaahp dijo...

esta genial el libro sigue adelante =) felicidades por tu nuevo proyecto

ana_barreda dijo...

me encanta
seguire leyendo:)