lunes, 8 de junio de 2009

CAPITULO CUATRO

No sabía dónde estábamos, solo sabía que acabábamos de aterrizar y ya estaba amaneciendo, algo extraño pues cuando habíamos cogido el avión, hacía unas pocas horas, acababa de anochecer.
Todo pasó muy rápido, desembarcamos y bajamos nuestras maletas. Moira tuvo que pedir ayuda al personal que nos esperaba en la pequeña pista de aterrizaje para poder trasladar sus maletas a un pequeño autobús.

El paisaje era muy diferente al que teníamos en Nevada, aquí todo estaba verde y había mucha humedad, estaba casi segura de que estábamos en el norte de EEUU.
Mis nervios y un extraño mal estar causado por las horas de vuelo, mezclados con las ansias de llegar a SubMundo, me tenían mareada y en apacible nube de semiinconsciencia.
Después de unos pocos kilómetros por una carretera secundaria, sin ningún cartel o señal de tráfico, comencé a divisar SubMundo, era muy parecido a una universidad normal, pero más pequeño. Cuando llegamos a la puerta, las dos hadas que custodiaban la entrada, nos abrieron las rejas y estuvimos dentro en varios minutos.
Personal del instituto llegó y recogió nuestras maletas, dándonos a cada uno un sobre con el número de habitación designado y un pequeño mapa del instituto, al cabo de unos minutos una mujer se presentó ante el pequeño grupo que formábamos.

- Hola, soy la profesora Stock – dijo el hada – todos tenéis el mapa de SubMundo y el número de habitación, podéis ir a vuestros cuartos a asearos y dormir un poco si lo necesitáis, la fiesta de bienvenida no será hasta la noche, aquí son ahora las ocho de la mañana, así que poner vuestros relojes en hora para no perderos mucho con los husos horarios - hizo una pausa y luego continuó - ¿tenéis alguna duda o pregunta? – parecía estar algo asqueada, su pelo verde ondeaba con el aire cálido de la mañana, era muy bonita y debería tener alrededor de 600 años, aunque no es fácil averiguar la edad de las hadas.

- ¿Los que somos cambiaformas no tenemos que esperar al ritual para asentarnos en una habitación? – interrumpió un chico rubio que había venido dos asientos por delante de nosotras.

- Bueno, ya sabéis que estas cosas no se saben hasta la noche en que se celebra el ritual, pero normalmente no hay muchos cambios por no decir que en los últimos cincuenta años no ha habido ningún cambiaformas fuera de la casa de la tierra – hizo una pausa sopesando las opciones – además no os vamos a dejar tirados en el campus con vuestras maletas hasta la noche, si hay algún cambio se hará después, ahora ir a descansar.

Dicho esto se dió la vuelta y se marcho. Nos miramos entre sí asombrados y desilusionados por la mierda de recibimiento.
Me acerqué a Moira.

- ¿Qué habitación te ha tocado? – dije cruzando los dedos detrás de mi espalda para que no fuera la 18.

- Pues me ha tocado la habitación 18 y ¿a ti? – el mundo se me cayó encima, no podía haber tenido peor suerte y por la cara que puso Moira cuando la confirmé que la habitación 18 también era la mía, pude ver que ella tampoco estaba muy contenta.

- Te he aguantado durante todos estos años ¿qué he hecho para merecerme esto? – dijo como si fuera una mártir.

- Yo sí que te he aguantado demasiado, bruja, ojalá me cambien de casa, no podría soportar estar dos años en tu compañía ni aunque me pagaran.

- Sí, pero eso no va a pasar y yo voy a divertirme de lo lindo – dijo con autosuficiencia.

- Aquí no hay nadie para que evite que te pegue un susto por la noche mientras duermes o que te destroce todos tus vestidos, así que no me tientes. - Dicho esto me dirigí a la casa de Éter siguiendo el plano que nos habían dado junto con el número de cuarto.

Moira iba detrás de mí jugando con su pelo y sin prestar la más mínima atención de por dónde pasábamos, si hubiese querido la podía haber dirigido a la casa de los vampiros y meterla en la habitación dieciocho, pensé mientras me reía, la cara de susto que pondría sería digna de una foto. Pero no soy tan mala, y no tenía suficientes ganas en este momento de gastarla una de mis bromas.

Una vez entramos en la habitación no pude evitar sorprenderme, era muy amplia, con dos camas a los extremos realmente grandes y dos armarios enormes, pero sabía por experiencia que tendría que dejarle la mitad del mío a la perra de Moira.
La decoración no era de mi gusto, todos los colores pastel de las cortinas, las paredes y las colchas me hacían sentirme como si viviera en la casa de Barbie.

No me compliqué mucho la vida, ni siquiera deshice las maletas, me metí debajo de las sábanas de mi cama (la que Moira había desechado por estar en el extremo de la ventana) y me quedé dormida.

Cuando me desperté no estaba segura de dónde estaba ni qué hora era, sabía que tenía hambre pero no tenía ni idea si había que ir a comer, cenar o desayunar.
Una vez que me centré, cogí el plano que nos habían dado donde también ponían los horarios del día y comencé a ubicarme.
Moira estaba durmiendo, y por lo que podía ver, ya había deshecho su equipaje.
Eran las seis y media de la tarde y la fiesta del ritual no sería hasta las diez de la noche.
Decidí vestirme y dar un paseo por los alrededores para ir acostumbrándome al sitio, también pasaría por la cafetería del edificio centro (abierta 24h) para tomar algo.
Tardé muy poco en colocarme mis vaqueros favoritos, tenían varias rajas que habíamos hecho Josh y yo, la más picante estaba justo por debajo de la cacha del culo, si mi madre me viera con ellos le daría un ataque, estaba convencida de que había logrado tirarlos, pero yo fuí más rápida y los rescaté de la bolsa de ropa que había preparado para la beneficencia, después de eso, los mantuve ocultos en casa de Josh. Aquí era libre, bueno, al menos de mis padres porque Moira se encargaría de joderme la libertad como solo ella sabe hacer.
Me puse mi camiseta roja, de G75 sin mangas y mis queridísimas botas de combate.
No tardé mucho en estar lista pues ya no tenía que andar maquillando mi dövme ni poniéndole lentillas a mis ojos anaranjados.
Me recogí mi negro pelo en una coleta alta, me puse las gafas de sol y salí por la puerta del dormitorio con el plano.

Había poca gente paseando por el campus, también hacía un calor infernal para estar en pleno mes de septiembre y en el norte, bueno, al menos creía que estábamos en el norte.
Después de dar algunos tumbos no fué difícil quedarme con la estructura tan simple de la escuela, las tres casas rodeaban a un edificio más grande que denominaban Centro, no eran muy originales con el nombre teniendo en cuenta que, dicho edificio estaba situado en el centro. Pasé por la cafetería y me compré un croissant de crema, con el hambre que tenía no me duró lo suficiente para degustarlo.
Me crucé con algunas personas y sus extrañas miradas. Perfecto. Ya empezaba a ser el hada rara que no se ve como las demás y viste como un motorista. En el fondo ya me daba igual, pero no estaría mal encajar de vez en cuando en algún sitio.
Todo sucedió muy rápido, pero antes de que tuviera tiempo para reaccionar un cambiaformas (lo supuse porque todavía había demasiado sol como para que hubiera vampiros en el campus) se lanzó contra mí sin querer y los dos rodamos por el suelo.

- ¿Qué pasa? ¿Estás bien? – pregunté aturdida

- ¡Oh lo siento, lo siento! – decía mientras se levantaba y sacudía el polvo de sus vaqueros.

- Bueno, no pasa nada, ¿Dónde está el fuego? – dije mientras cogía la mano que me había tendido para levantarme del suelo.

- ¿Qué fuego? – Oh.Dios.Mio, son tan literales.

- Me refiero a… ¿Por qué corrías tanto que ni me has visto? – dije mirándole por primera vez a los ojos. Era muy guapo, tenía los ojos de un color azul tan clarito que quitaba el sentido y su cabello era rubio oscuro, tenía la complexión física típica de un cambiaformas, era fuerte y alto.

- Me llamo Adam Owen – dijo tendiéndome su mano y sacándome de mis pensamientos.

- Yo soy Dawn Summer – contesté quitándome las gafas de sol y estrechando su mano.

- Vaya… no tienes el aspecto de un hada normal – dijo casi avergonzado.

- Soy semi-humana – contesté. Tendría que acostumbrarme a dar explicaciones cada vez que me pregunten o insinúen, y si él se había metido en preguntas personales ¿Por qué no yo? – ¿y tú qué tipo de cambiaformas eres?

- Vaya, vas directa al grano – dijo mientras se reía.

- Tú también

- Tienes razón –dijo encontrando mis ojos – soy un jaguar

- ¡Vaya, me encanta! – y lo decía en serio, esos animales me parecían realmente majestuosos.

- ¿Vas a algún sitio? ¿Te puedo acompañar? – me preguntó con una bonita sonrisa.

- Si ¿por qué no? –Contesté devolviéndole mi mejor sonrisa y pensando en aprovecharlo lo mejor posible antes de que Moira se metiera por medio – estaba viendo el campus, soy nueva ¿llevas mucho aquí? – pregunté.

- Este es mi segundo año – dijo mientras caminábamos hacia la piscina, que era lo único que me quedaba por cotillear.
- Eso es genial, el año que viene podrás estar fuera ya graduado – me miro extrañado y le devolví la mirada con ingenuidad.

- Los vampiros y los cambiaformas estamos tres años. ¿No lo sabías? – me preguntó con asombro.

- No, lo siento –dije poniéndome roja como un tomate - ¿Estás en la casa Gaya?

- Sí, esta noche os toca el ritual a los novicios ¿no?

- Yo lo veo una tontería para los vampiros y las hadas, pero si hay que hacerlo… - en ese momento me dí cuenta de que no sabía en qué consistía el maldito ritual, ¿y si tenía que hacer magia delante de todos? ¿O bailar como las hadas? ¡Dios! Espero que no sea bailar como las hadas, prefiero meter la cabeza en la taza del wáter. - ¿En qué consiste el ritual? – pregunté nerviosa.

- Puedo sentir miedo en tu cuerpo ¿Qué crees que os van hacer? – Dijo sonriéndome -¿cortaros un miembro?

- No creo, o al menos eso espero.

- No te preocupes, es solo beber de un cáliz – contestó mientras entrábamos en la zona donde estaba situada la piscina.

Era enorme y la mayoría de las hadas que no había visto durante mi recorrido estaban nadando como locas, Adam y yo nos sentamos junto a la sombra de un árbol y charlamos durante un buen rato, teníamos los mismos gustos en música y ropa, era un chico muy divertido. Llegué a preguntarme si no hubiera sido mejor para mí haber nacido cambiaformas en vez de hada, ellos eran mucho más tolerantes en todo.

- Oye ¿tienes pareja para el ritual? – me preguntó

- No, ¿hace falta llevar a alguien? –todo mi cuerpo se quedó frio, odiaba los bailes y los actos sociales, y si encima conllevan ir con pareja me aterraban mucho más.

- No hace falta, pero si no conoces a nadie y quieres un amigo cerca yo estaré por allí ¿vale? – dijo mientras echaba hacia atrás su pelo.
Estuvimos un tiempo en silencio mientras observábamos como se bañaban y trasteaban algunas hadas.

Todo lo bueno y la diversión se acabó justo en el momento en el que ví a Moira entrar en el recinto y dirigirse a nosotros con una sonrisa en su adorable cara de bruja.

- Hola, soy Moira, la hermanastra de Dawn – se presentó extendiendo la mano hacia Adam, éste la tomó y se presentó como respuesta. Después Moira se sentó entre los dos y se puso hablar con él.
Al cabo de diez minutos supe que era hora de retirarme, me levanté y sacudí de mi culo las ramitas de césped que se habían pegado.

- Bueno, me marcho –dije con tono cortante – ha sido un placer conocerte Adam - Pero para mi asombro él se levantó y le dijo exactamente lo mismo a Moira, que puso cara de pocos amigos.

- Quédate un rato más, todavía es pronto y me apetece tener compañía – dijo la muy zorra con su voz más sexy que nunca. ¿Le estaba insinuando que quería meterse en sus pantalones o era cosa mía?

- No, lo siento, tengo que arreglarme para el ritual y pasar a ver a unos amigos, Dawn ¿te importa que te acompañe? – no sabía si reírme o llorar, parece que el encanto de Moira no impresiona demasiado a los Cambiaformas.

- Si te pilla de camino… - fué lo único que pude decir, sin romper a reírme de la cara de gilipollas que tenía mi hermanastra.

Fuimos en silencio durante un rato, pero no era un silencio incómodo, me recordó demasiado al tiempo que pasábamos Josh y yo.
- Tu hermanastra es un poco… - si él no sabía cómo definirla ya me encargaba de hacerlo yo.

- Zorra, sería la palabra que estás buscando – los dos rompimos a reír, cuando recuperamos el aliento le dije – ella siempre es así con la gente que se acerca demasiado a mí, así que te cuidado porque seguramente el rechazo le siente muy mal y no parará hasta que consiga lo que quiere.

- ¿Y qué quiere? Porque tengo novia y no me deja liarme con hadas – puntualizó Adam. No supe que contestar a eso, se había ofrecido a ser mi pareja para el ritual y no entendía muy bien a qué se refería cuando decía que su novia no le dejaba liarse con hadas, me preguntaba si su novia le dejaba o no tener relaciones con otros cambiaformas. Tampoco se me había pasado por la cabeza que tuviera pareja, pero ahora que le miraba bien ¿Quién no iba a querer estar con un chico así?, era muy guapo y agradable.

- Pues perfecto, así no te molestará más – fue lo único que se me ocurrió decirle, luego pregunté - ¿Cómo se llama? ¿Es también una cambiaformas?

- Se llama Riley Morgan, y es una Cambiaformas halcón – la primera cosa que se me vino a la mente fué algo demasiado absurdo, pero… ¿Qué clase de hijos tenían un halcón y un jaguar?, estaba claro que no se lo iba a preguntar ni loca, pero siempre me quedaría esa duda.

- Me gustaría conocerla, ¿estará en el ritual? –pregunté, y era cierto que me gustaría conocerla, cuantos más amigos mejor, así puedo darle más trabajo a Moira y además no creo que la novia de Adam estuviera muy contenta con ella si se enteraba de la insinuación que acababa de hacerle a su novio.

- Sí, allí te la presentaré, bueno te dejo, ya sabes que debes arreglarte, no creo que te dejen entrar con las botas militares – dijo riéndose mientras se alejaba hacia la casa Gaya.

- Nos vemos – contesté mirando mis preciosas botas.

Subí las escaleras hasta el segundo piso y entré en la habitación, ¿Qué demonios me tengo que poner?, Debería haberle preguntado a Adam qué tipo de ropa se suponía que debería llevar.

Bueno, todavía no había deshecho la maleta, y no tenía ganas de hacerlo ahora, así que cogí lo que más a mano tenia.
Después de una rápida ducha, que me sentó realmente bien y consiguió desentumecer mis músculos, me puse unos pantalones piratas negros ajustados, una camiseta roja con un generoso escote y sustituí mis queridas botas de combate por unas sandalias negras de tacón alto.
Deje mi pelo negro suelto sobre los hombros y ya estaba lista, sólo esperaba que no hubiera que ir de etiqueta. Sabía perfectamente que todas las hadas irían vestidas en colores claros y que yo desentonaría demasiado a su lado, pero me negué a cambiarme de ropa y a vestir como un maldito caramelo de fresa, yo no era así, tenía mi propio estilo y me sentía cómoda usando colores fuertes y oscuros, no pensaba cambiar eso por nada ni por nadie.

5 comentarios:

Antonia dijo...

genial down me esta gustando tu libro...... sigue asi :P

Dawn dijo...

gracias antonia, es para mi un placer tenerte por aqui y que lo leas. besos

Analieta dijo...

dawn!!! claaro valio la espera jaja me encanto!!!! asi q seguire pasando casa 5 minutos hasta q pongas los proximos jeje besos!!!

Ryssa dijo...

m encanta , ya stoy sperando los proxim os capitulos, m tiene cautivada la historia y los personajes

claudiaahp dijo...

cada ves se pone mas interesante el libro seguire leyendo